En un cementerio de la china imperial todos los asistentes visten su impecable luto blanco .Al muerto lo llenan de incienso, plegarias y rigurosidad. Este lleva puesta una corona y en ella el símbolo de un dragón. Todos admiran el cadáver, sin darse cuanta de que tiene una herida en el pecho, aunque la tunica logra disimularlo. Junto con él estoy yo, su viuda, escondiendo tras de mí la daga asesina.
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