Los NO-amantes jamás se amaron, el no amante diamante brillaba por si solo mientras el no amante oro solía esconderse tras la hermosura del otro.
No-besos, No-abrazos, No-caricias en las No-noches donde jamás se amaron.
Una noche de lluvia el NO-amante diamante corrió a la pequeña cama del No-amante oro, al llegar allí se escondió y le abrazo tan fuerte que a quien abrazaba se derritió.
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